La aldea maldita (1930)

 

Producción: Florián Rey-Pedro Larrañaga

Dirección: Florián Rey

Guión: Florián Rey

Fotografía: Alberto Arroyo

Departamento musical: Carlos Pahissa

Reparto: Carmen Viance, Pedro Larrañaga, Amelia Muñoz, Pilar Torres, Ramón Meca, Víctor Pastor,

Antonio Mata, Modesto Rivas.

Formato y duración:35mm. Blanco y Negro. 58 min.

 

Cuando se encontró el negativo, muy deteriorado, se pensaba que podría ser del año 30, pero sólo gracias a la investigación previa del departamento de documentación, se obtuvo mucha información y se logró datarla. Se consiguió una copia nueva reproduciendo a partir de este negativo gracias a Juan Mariné, y su maquina de alta definición ( ha logrado una definición de 200 líneas por milímetro), que le ha llevado a ganar numerosos premios y reconocimientos durante la colaboración conla Filmoteca Española (Juan de la Cierva, 1974; Premio Nacional de Cinematografía, 1994; y Premio Segundo de Chomón dela Academiade Cine 2001, entre otros).

Aparte de su faceta dedicada a la investigación y la restauración, Juan Mariné es uno de los directores de fotografía fundamentales del Cine español.

 La aldea maldita, es considerada la más alta cumbre alcanzada por el período mudo en España y una de las mejores películas de la cinematografía española.

Más allá de la seca presentación de una aldea castellana mortificada por la continua pérdida de las cosechas, hay una voluntad por parte del cineasta, Florián Rey, de no ofrecer únicamente una vertiente expositiva del ambiente rural, sino elevarla hacia unas dimensiones de creatividad que tienen en el cine soviético su más evidente paradigma, y que impregna los planos, la fotografía o la propia forma de actuar de los actores, ajenas absolutamente de las del Cine español de la época.

Otro aspecto de la película que cabría destacar como clave de su éxito es su fabuloso guión que incluye una incipiente muestra de reacción social: “Mientras el pueblo pasa hambre, el tío Lucas tiene la despensa bien repleta”, frase escrita en la puerta de Lucas, es un estereotipo del caciquismo de principios de siglo. Además, toda la trama suscribe un hecho tan autóctono como es la consideración de la "honra", cuestionándolo a través del perdón a una mujer que no sólo ha abandonado a su familia, sino que ha “manchado” su honor. Así, la protagonista, Magdalena, tiene que vivir un auténtico “Vía crucis” al ser repudiada por su marido y apartada por dos veces de su propio hijo.

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