Antonio López Ballesteros (Madrid, 1910).

Va subiendo por el escalafón hasta iniciarse en la jefatura del equipo de fotografía de Sangre en Castilla (Benito Perojo, 1950), responsabilidad compartida con Valentín Javier, y también conjuntamente con él (hagamos un inciso para indicar que Valentín Javier fue el esposo de Ana Mariscal) asumió estas tareas en La corona negra (del argentino Luis Saslavsky, 1950). Rodó en 1952, con el autóctono e imperfecto Cinefotocolor, la versión de La hermana San Sulpicio de Luis Lucia, y se convierte en uno de los operadores españoles con la especialidad del color, en un momento en España en que esta particularidad la tenían todavía pocas películas y había pocos profesionales que la dominaran. Rodó igualmente en Cinefotocolor Doña Francisquita (Vajda, 1952), donde consigue unos cromatismos vivos y que recrean el tono de la pintura de Solana en algunas escenas. Por esta cuestión del cromatismo, a Ballesteros lo llamaban para el género folclórico y para que sacara favorecidas a las estrellas de los cincuenta y los sesenta. En su última década laboral, la de los setenta, simultaneó cine y televisión.

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