José María Beltrán (Zaragoza, 1898 - Zaragoza, 1962).

No han disfrutado de tanto conocimiento general los fundacionales (Alexander Promio, Alberto Marro, Segundo de Chomón, Francisco Elías, Eduardo Jimeno Correas, Ramón de Baños [hermano del realizador Ricardo de Baños], Antonio Tramullas, Baltasar Abadal [la mayoría de estos eran no solo camarógrafos, sino también directores y en realidad cineastas en sentido global) y casi fundacionales operadores del cine español como los pertenecientes a tiempos más actuales (José Luis Alcaine [Tetuán, 1938] y compañía, además de los que componen las hornadas posteriores y las inmediatamente precedentes a la de él), y entre tales casi fundacionales (los de la segunda o tercera generación pionera, centrada en el decenido de los veinte del siglo pasado: Juan Andreu Moragas, Alberto Arroyo, Enrique Blanco, Luis Rodríguez Alonso) hay que referir a José María Beltrán, que, aparte de unos cortos científicos en 1921, se inició con las cámaras y los focos en José (1925), de Manuel Noriega. Trabajó en la obra silente de Florián Rey, Nemesio Sobrevila y Eusebio Fernández-Ardavín. La República consolidó su prestigio y con posterioridad a la Guerra desarrolló su oficio, al lado de los directores más consolidados, hasta 1957.

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