El verdugo (Luis García Berlanga, 1964) --> El verdugo (no es en puridad un alegato contra la pena de muerte, aunque incida en sus aspectos más contradictorios y absurdos) encara la peripecia de un hombre (Nino Manfredi) que no quiere desempeñar el oficio de accionador del garrote vil, pero que, para no perder el piso de protección oficial que ocupa la familia, lo hereda de un sublime Pepe Isbert, su suegro (¡ay, esos nepotismos y clientelismos tan carpetovetónicos, tan picarescos, tan levantinos y mediterráneos y, en definitiva, tan berlanguianos! --no hay mejor adjetivo para definirlos que el epónimo, así es la genial idiosincrasia y la chistosidad nada irreal ni bromista del director--).La España de la época seguro que estaba repleta de convencidos partidarios de la pena capital, esos que, luego, en tesituras como las detalladas --implacable pero no hirientemente-- en la película, pueden encarnar el rechazo que sufre el verdugo, percibido por los que lo rodean con yuyu y sensación casi de mal fario, como marcado por cierto deshonorable estigma.

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