El espíritu de la colmena (Víctor Erice, 1973) --> En El espíritu de la colmena, la mirada, con pupilas de niña, que arroja la infancia desde su lugar (un lugar análogo al del artista, ese artista a cuya percepción se lanza el propio Erice en su posterior documental El sol del membrillo, de 1992, en el que la cámara sigue el proceso creativo del pintor Antonio López), descubre el mundo y sus torvas aristas, aquí en los momentos más moralmente duros de la Posguerra, con Frankenstein y el fugitivo que la muchachita asimila a la informe criatura, que son feos no por inequívocos rasgos de maldad, sino, bajo pena de aniquilación si no huyen, por desechados del cuerpo social, el perteneciente a una implacable y opresiva tierra. Otra obra imprescindible de Erice es El sur, de 1983: el realizador la considera inconclusa porque no se filmó la segunda mitad del guión, pero se trata de una película que complementa y colma el discurso de El espíritu de la colmena, proporcionando, con sencillo y luminoso sosiego, elevada intensidad emocional al trato paternofilial de una chica que nos conduce por la historia del desvelamiento de su padre, hombre varado y autista tras el incivil conflicto armado entre españoles --alguien con la indeleble huella de la derrota--, una relación marcada por la alternancia de seguridad e inseguridad, por no abundantes certezas y por los interrogantes alrededor de esa figura del progenitor que se escapa, al que cabe divisar no tanto como metáfora del bando de los perdedores en la lucha de las dos Españas como sí de todos los jirones fratricidas desprendidos en el transcurrir de la hispana historia.

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